Orbitando la Luna de tu Nombre
Y entonces, el silencio se hizo sombra.
A veces, las palabras se rebelan contra la realidad,
nos aprisionan con cadenas invisibles.
A veces, quisiéramos borrar lo escrito
pero lo leído ya está en nuestra memoria.
Ese viaje de una frase a una historia
nos apaga la luz y nos hace dormir.

Y entonces, de un “Te quiero” nace un resplandor.
Siempre la palabra dulce, enamora,
nos emociona, nos toca, nos acaricia.
Siempre las letras saltan extasiadas
cuando no son preguntas ni interrogantes.
Son versos que bailan en nuestros latidos
suspiros que nos despiertan con una lucecita.

Ganas tengo de dibujar tu nombre en una flor,
inundar mis labios en un beso loco,
orbitar la luna en una nave de chocolate.
Volar en un universo de mil colores,
atrapando sueños en mis pensamientos,
navegando entre ilusiones escondidas,
amando encontrarte, tenerte, besarte…