Historia de un día sin verte
Ayer me había disfrazado con el traje de un conejo,
había caminado por el campo sin saber a dónde ir.
Tropecé con dunas y desiertos inhóspitos
conocí la desventura y me enojé con el amor.
Corrí por una montaña llena de espinas
y en ese tránsito me despojé de todas mis caretas.
Me senté a descansar a la sombra de un recuerdo,
añoré tu sonrisa y recordé la velocidad de tu voz.
Te busqué en el bosque de mi abigarrada memoria
¡Y te encontré tan dulce! ¡Tan bella y tierna!
Sentí que mi corazón despertaba de un letargo,
Y en ese nuevo amanecer decidí volverte a ver.
Ocurrieron tantas cosas en ese espacio de historia,
en esa trémula soledad ausente de nuevas fantasías.
Hasta ese último día de mayo que volví a saber de ti,
cuando sonó un mensaje en el reloj de la tarde.
Y luego apareció la luna de tu mirada frente a mí,
estábamos ahí sentados bajo el cielo de la noche.
Recuerdo esas salidas al mar, al campo, a cenar,
recuerdo un grillo saltarín que viajó en tu bolso,
un beso esquivo que se perdió en la playa,
un barquito de madera donde sentí que te amaba.
Hoy, septiembre de primavera, eres mi amor de siempre
la mujer que dibuja mi felicidad con su mirada de miel.