LA VELOCIDAD DE TU AUSENCIA
Sé que me estás mirando,
que a veces me quieres escribir,
que en tus sueños te has acordado de mí
y que una vez pensaste que ese temblor
era yo, o mi voz, o mi locura.
Si nuestra distancia fuera mayor
habría pretextos para volar en un cohete,
de traspasar la gravedad de la tierra
y en una de esas galaxias detenernos
a tomar un café o sólo a buscar el sol.
Cuando comprar el periódico era común
leía el horóscopo y me contagiaba de alegría
cuando las predicciones decían que te iba a conocer.
Salía entonces por las calles,
y me preguntaba dónde estarías.
Un día una mujer que leía el tarot,
me tocó la mano, y me dijo: ¡sigue buscándola!
No sé cómo pudo saber que aún no te había encontrado,
a media cuadra un perro se paró en dos patas frente a mí,
me acarició con su hocico húmedo y luego ladró.
No era yo a quien él estaba buscando.
A veces pones tu foto frente a mis ojos,
y me dices: ahora soy la chica visible,
yo quiero atraparte con mi mirada,
pero en ese instante tu voz me llama.
Me quedo dormido con su melodía, con su eco,
quiero pronunciar tu nombre,
pero tú ya te has ido o quizás nunca habías llegado.